domingo, 23 de noviembre de 2008

Canalleo PL

Aída Nízar “Sólo hablan mal de mí algunos infelices mal follados”

12/09/2008

Eva Roy / Fotos: Joan Crisol

Aída Nízar “Sólo hablan mal de mí algunos infelices mal follados”

La gran hermana más odiada y polémica de la historia. La que fue recibida en plató por Mercedes Milà con un “¿Has sido puta, Aída?”, vuelve a la carga con un libro.

¿Cómo  nace este libro?

Surge ante la desfachatez y el descaro de mucha gente que sin conocerme me juzga, los que han criticado mi forma de ver la vida deseando tener esa fuerza… Me vi en la necesidad de plasmar en un libro esa necesidad de fuerza que tiene el ser humano. Lo he llenado de verdades como “Aída es una mujer de sueños cumplidos”.

Dices en el libro que tu despido de ‘Crónicas marcianas’ fue una de las experiencias más duras, y que perdiste 36.000 euros, la señal de un ático…

¡Eso y mucho más! Perdí un contrato importantísimo, de publicidad de un champú… Perdí cosas que a cualquiera le hubieran hundido pero, al fin y al cabo, perdí cosas materiales. No perdí mi orgullo, ni mi autoestima, ni a la gente que quiero. Si no, probablemente habría puesto fin a mi vida. Que te llamen hija de puta en directo ante millones de personas y que la gente aplauda… En la tele la audiencia manda, esto es un negocio. El público manda cuando nos ve y, en ese momento, a Xavier Sardà le pidieron que a mí se me echase a la puta calle. Él cumplió las órdenes de su jefe, que es la audiencia, y yo lo respeto y no le guardo ningún rencor.

Coincido en que fue un cruel escarnio, y es obvio que tuviste que pasarlo fatal. Escribes que nunca has repetido lo que el discapacitado te dijo, lo que te causó tanto agravio. Reprodúcelo ahora si es cierto que te insultó.

No, es una historia superada y nunca lo volveré a mencionar.

Me gusta lo que dices sobre la envidia: “Es como la psoriasis. No tiene cura, no desaparece y pica a rabiar. [ ] Contra la envidia es muy difícil luchar, las personas que brillan, tienen en ocasiones que camuflarse”. Tú no te camuflas…

Pues sí, y mucho más de lo que creéis… Sigo teniendo muy buenos amigos políticos que me quieren un montón y, por respeto, soy incapaz de quedar con ellos en un sitio público. No quiero comprometerles. Soy mucho más discreta de lo que muchos imaginan.

Te atreves a citar, como si las hubieras trascrito de una grabadora, las palabras de Jaime Mayor Oreja, e insertas, no sé si con coquetería o con exceso de imaginación, frases como “si la pregunta la hace una mujer como tú...”. No sé si alguien dará verosimilitud a semejante relato…

Es que ni una mujer como Aída resulta indiferente ni un hombre como Jaime resulta indiferente. Te podría transcribir literalmente, con puntos y comas, lo que Jaime Mayor Oreja me brindó frente a un corro de gente porque permanece en mi mente, en mis retinas y en mi corazón. Hay pocas personas que me hayan impactado, y él, sin duda, lo ha hecho. Tengo una grandísima memoria y algo que casi nadie sabe [abre el bolso y saca un cuaderno con anotaciones en castellano y el árabe]: yo lo tengo todo escrito. Así, si el día de mañana me preguntan sobre cualquier momento de mi vida, lo leo. Todo lo que me pasa lo anoto. Mira, aquí hablo de lo que podría haber sido mi vida en Jordania: una vida entre el lujo, el glamour… Dedicada a tener hijos maravillosos con hombres árabes maravillosos, porque en contra de lo que mucha gente mediocre piensa, cuando la mujer árabe se cubre es porque quiere ocultar

su belleza para dedicársela a su

hombre, no porque nadie la obligue.

A lo largo del libro, coses trajes de cemento para Antonio David, Karmele,

Lydia Lozano y hasta Mario Conde...

Define hacer trajes de cemento...

Pues es hablar de ellos en términos relativamente duros, criticarles…

Pues saca a Mario Conde de ese saco. A él le pongo de ejemplo de lo que la ambición desmedida puede provocar. Yo soy profundamente ambiciosa. Profundamente, no un poco [me clava los ojos]. Y la ambición te puede llevar a eclipsar a tantos… Yo sé que determinadas comunicadoras no me han llevado a su programa porque saben que las eclipso, o sí que he ido y han comprobado que daba más audiencia mi respuesta que su pregunta… También te digo que son las menos, las más mediocres y seguro que ya nadie sabe de ellas. En el caso de Conde, podría haber sido un perfecto presidente de gobierno.

Luego te dedicas a criticar a la Esteban, con cierta razón, pero ¿qué te van a decir esas amigas tuyas “educadísimas y discretísimas” de que quieras salir en ‘Primera línea’. ¿Eso te parece coherente y lo de Belén no?

¿Coherencia y Belén Esteban? Es que son dos palabras que no mezclan. Ella es vulgaridad, falta de amor propio, tristeza, desaprovechamiento de una oportunidad, incultura… A mí me irrita y me produce tristeza cada vez que la veo. Y algo importante: baja la audiencia. Jamás nos han dejado ver lo que la gente siente de verdad por ella, sino sólo con un público bien aleccionado.

Has hecho una tesis acerca de los efectos de ‘Gran Hermano’: “Al terminar el programa, se convierten en juguetes rotos. Algunos han caído en vicios que matan y les han llevado directos a centros de desintoxicación, alguna ha rozado la anorexia por la obsesión de que la tele engorda. En casos extremos, en otros países, hubo más de un concursante que se

suicidó”. ¿Cómo valoras tú la experiencia ‘GH’?

Yo no busqué ‘GH’ como una respuesta a mis problemas. Yo me quería ir, pero vino un equipo de psicólogos maravillosos a persuadirme de lo importante que era que yo continuara en el concurso. Consiguieron convencerme y, por suerte, yo fui la primera expulsada. Me hicieron un favor echándome porque, de no haber sido así, probablemente me habría ido, aunque eso va en contra de mis principios: abandonar algo que he comenzado.

Hay una de esas citas, de la que no apuntas autoría, quizá sea tuya, que me parece crucial: “Nunca regales tus tristezas a tu entorno para que más tarde puedan ser utilizadas como arma arrojadiza contra ti?”.

Esa frase pasará a los anales porque la ha escrito Aída. Está basada en vivencias: yo estaba harta de libros de autoayuda que te hablan de la luz, de gaitas… Yo sí que sé lo que es perder un amor y encontrártelo en la cama con otra, y que te echen a la puta calle, y tengo el coraje de contarlo. Porque cuando te conviertes en escritora, también te desnudas, porque sabrán dónde atacarte o qué te hace más vulnerable. Brindo al lector mi sufrimiento.

Dices que “ser natural es la más difícil de las poses”. ¿Te refieres a tu adicción por lucir logotipos de alguna marca de las que invocas como mantras?

Cuando me refiero a naturalidad me refiero a que me gustaría que la gente dijera lo que piensa en realidad, hablo de esas mujeres que llevan años acostándose con su pareja sin tener un orgasmo y lo siguen fingiendo… Ésas que son incapaces de decirle a una amiga lo mal que le queda ese look, ser más sinceras, en general. A mí, alguien que me importa me destacó mi falta de formas femeninas.

Yo te encuentro femenina, quizá lo que no te veo es sumisa…

Hay cosas que hago que no son educadas, pero sí naturales. La naturalidad me

encanta, y muy poca gente la practica. Hay quien piensa que cuando soy natural es que estoy tratando de llamar la atención. Me encanta observar, pero desde ‘GH’, no puedo, porque soy yo la observada. Si voy sola a un sitio, escucho: “mírala, está sola, no tendrá amigos”. Por eso nos pagan cantidades ingentes de dinero, porque no cubre sólo tu aparición televisiva, sino la consecuencia de todo eso.

¿Te gusta la faceta de escritora?

Saber que ahora mismo en sus casas

tantas personas tienen recogido el cómo ser alguien de sueños cumplidos, el cómo ser feliz, y que yo haya dado las pautas para ello, con ejemplos, es tan grande que sólo me retumba “escribe, escribe”: quiero que los lectores entiendan mi filosofía de vida y la practiquen.

Al hilo de esto, la propia Mercedes Milá dice de ti que no logra diferenciar el personaje de la persona.

Sería muy cómodo decir que es todo guión, pero no es así. A José Tomás se le admira por lo mucho que se arrima, pues para ser una grande en el mundo de la comunicación y ser conocida por tantos millones de personas, hay que saber.

Además, he pagado un precio muy alto que es parecer algo que no soy: mala.

¿Por qué elegiste ese rol?

No lo elegí. Me atacaban y me defendía. Dios me dio el don de la rapidez mental.

Sí, eres demoledora...

Yo he tenido en un plató a cuatro para atacarme, y uno, dos, tres y cuatro, como el dominó, ¿alguien más? Ahora, bien, he llorado lágrimas de sangre luego en casa.

Hablas en varias ocasiones de unos “murmullos” que escuchas cada vez que algo te va a pasar en la vida.

Si tuviera que describir a los mediocres que murmuran de mí sería: gente fea, mal follada y eternamente infelices.

¿Eres celosa?

Yo no soy una mujer celosa porque no sirve de nada y es sinónimo de sufrimiento: lo seas o no, los cuernos te los ponen igual. Lo que jamás podré perdonarle a la persona que me encontré en la cama con otra es que me robó para el resto de mi vida la confianza en la pareja.

Háblame de alguien de la industria del porno, si es que conoces a alguno.

Conozco a Nacho Vidal, y es un tío lleno de fuerza, de encanto y de vitalidad. Y también a Lucía Lapiedra, que es como se hacía llamar antes Míriam, otra mujer llena de cariño.

“España tiene la envidia y el cotilleo como deportes nacionales” afirmas, y aconsejas seleccionar bien las amistades. ¿A qué viene eso?

Hay gente que no soporta verte brillar… Presuntos amigos que rabian cuando me ven convertida en escritora, con todo mi empaque, o que rabiarán cuando me vean tan sexy en las fotos de ‘Primera Línea’.

Físicamente, ¿cuál es tu punto fuerte?

Mis piernas y mi mirada. Y mi tacto de piel y el tono, siempre muy morenito.

¿Qué te gusta y valoras en un hombre?

La inteligencia . Eso es lo que echo de menos, porque quien se te acerca en este mundo en que yo ahora vivo, no es precisamente un hombre que te hable de Kafka o Van Gogh… ¡Ojalá metiesen  filósofos en ‘Gran Hermano’!

No creo que diesen mucho juego...

Pues mira mi ejemplo: una mujer culta que sí da juego televisivo.

Hablemos de sexo. ¿Qué te gusta?

El sexo a Aída Nizar le gusta con muchísima pasión, con muchísimo cariño, y completamente depilados tanto él como ella, que a mí los matorrales tipo bosque no me gustan. Y me gusta mucho la posición del misionero, donde los dos cuerpos se unen completamente. Es que me excito sólo de pensarlo...

 

Estilismo: Rafael Díaz ‘la Madrina’.

Calzados: Werner. Maquillaje: Mara Roselló. Nuestro agradecimiento a la

discoteca Garamond, al equipo de Cebado y a la Editorial Taller de Medios.

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