domingo, 23 de noviembre de 2008

Canalleo PL

Frédéric Beigbeder “La belleza es la nueva religión: es el ‘fashismo’, cruce de moda y fascismo”

12/09/2008

Isidre Estévez Emmanuel / Fotos: J.Yela

Frédéric Beigbeder “La belleza es la nueva religión: es el ‘fashismo’, cruce de moda y fascismo”

Era creativo publicitario, pero los trapos sucios que aireó en su primera novela, ‘11,99 euros’, le valieron el despido, lo que irónicamente impulsó su carrera como escritor, presentador de televisión y diletante de salón.

En su nueva novela, Beigbeder recupera a Octave Parango, el protagonista de ‘11’99 euros’, que ahora ha pasado del mundo de la publicidad a ser cazatalentos de una agencia de modelos en la Europa del Este. Su misión: encontrar el rostro perfecto para la campaña mundial de una empresa de cosméticos. Así, un cuarentón en crisis se introduce en una Rusia neocapitalista en la que los oligarcas, el dinero y las drogas se mezclan con la belleza adolescente. De nuevo, Beigbeder carga contra el consumismo exacerbado y la dictadura de la moda, que él ha bautizado con un peculiar neologismo: fashismo.

Tus libros critican la modernidad infestada de sentimiento ‘fashion victim’. Pero parece que tú también eres un ‘fashion victim’…

Claro, en mis libros me critico a mí mismo. Trato de analizar por qué esta vida me hace tan infeliz y tan estúpido. Pero no soy exactamente como Octave, por supuesto. Es un personaje de ficción. Me alegro de no ser como él, porque al final de ‘Socorro, perdón’ se convierte en un terrorista, y al final de ‘11,99 euros’ mata a una vieja, como Raskólnikov en ‘Crimen y castigo’. En eso no soy como él, pero sí soy un ‘fashion victim’, me gustan las chicas jóvenes, me gusta salir, beber, tomar drogas e ir a la cárcel. Aunque también vivo esta vida con cierta distancia e ironía. Sé que es estúpida y vacía…

Pero sigues viviéndola así…

Cuando la dejo y trato de rehabilitarme, me aburro mortalmente. Soy una víctima de esta sociedad, y tengo suerte porque me da la oportunidad de llevar una vida glamourosa. Creo que es interesante verla y describirla.

¿Hay más de ti en tu primer libro o en ‘Socorro, perdón’?

Creo que en éste, porque hablo de mi segundo divorcio y de los problemas que comporta ser un jovencito que cumple 40. Aún tengo la mentalidad de un niño de ocho años. Ahora tengo 42, pero me niego a admitirlo, y me comporto como un adolescente. Hay muchos hombres como yo…

Muchas mujeres también…

Es cierto. Esta sociedad trata de convencernos de que debemos ser jóvenes para siempre. La juventud y la belleza sirven para vender productos. En ‘11,99 euros’, hablaba de la publicidad, el deseo y la civilización del hedonismo. En ‘Socorro, perdón’, hablo de la dictadura de la juventud, de cómo nos hace tan tristes. Nos negamos a envejecer, y yo mismo me siento como un niño atrapado en el cuerpo de un hombre que envejece. Y me río de mi atracción por las jovencitas…

Pero en el libro, la juventud de la modelo de la que se enamora el protagonista es su camino a la salvación. Resulta un poco contradictorio.

Esa chica funciona como una metáfora del capitalismo. Octave, el protagonista, busca una modelo para una empresa de cosméticos que necesita una nueva cara, una nueva máscara para el capitalismo. Así empieza la novela, y luego su trabajo se transforma en una persecución de la juventud, en un camino que claramente no tiene final. Al final, encuentra un sentido a su vida, sí. La belleza y la moda son la nueva religión. Yo lo llamo ‘fashismo’, un cruce entre moda y fascismo.

Una visión algo extrema, ¿no?

Digo cosas algo peligrosas en esta novela. Comparo la moda con el nazismo. Los nazis también adoraban la belleza y la juventud, y mataron a millones de personas por ese ideal de belleza aria.

O sea, que la moda es una dictadura.

Hay algo de fascista en ese totalitarismo fashion. Para estar en esa élite, hay que ser guapo. En las puertas de las discotecas, se selecciona a la gente por su belleza o por su dinero. Si no tienes ninguna de las dos cosas, estás perdido.

O sea, que los clubs fashion son campos de concentración de la belleza…

Sí, por supuesto. Aún no sé si los nazis perdieron la guerra. La marca Victoria Secret ya no llama modelos a las chicas que usan para sus campañas. Las llaman ángeles. Las presentan así: “Esta es nuestra nueva superángel”.  Me encanta esa serie americana de cirujanos, ‘Nip/Tuck’, porque resume muy bien el espíritu de nuestro tiempo: al principio de cada episodio una canción dice “A perfect face, a perfect smile, a perfect life”. A mí me encanta todo eso, si me ligo a una modelo estoy contento, pero al mismo tiempo esa vida me repugna, me asusta y me frustra.

Buena parte de la trama transcurre en Moscú, en un mundo de oligarcas, modelos y mafiosos.

En Rusia, ‘11,99 euros’ tuvo mucho éxito, así que me invitaron varias veces. Los rusos consideraban mi primer libro como un retrato de la sociedad hiperconsumista, y les encanta el capitalismo porque es nuevo para ellos. Lo ven también como un símbolo de libertad. Los rusos tienen un humor muy negro, son muy cínicos, como yo. Les gustan las frases cortas y provocativas. Así que fui a Rusia, conocí a oligarcas, a chicas guapas y salí un montón. Me impresionó la libertad instantánea que habían conseguido gracias a su dinero y a sus coches de lujo. Pero al mismo tiempo conservan una tradición que se remonta al siglo XIX. Es impresionante oír hablar a modelos de 18 años de Dostoievski o Tolstoi. Resulta algo chocante. Me enamoré de Rusia y quise escribir un libro para describir la Rusia actual. Rusia representa el futuro de París o Barcelona, es decir, el capitalismo total.

El protagonista, Octave, trabaja para encontrar la modelo mundial de una firma de cosmética que se parece mucho a L’Oréal. ¿Se han quejado?

Sí, intentaron boicotear el libro. Algunas revistas, como ‘Marie Claire’, aceptaron no hablar del libro por las presiones de L’Oréal, que se sintió molesta por ciertas alusiones veladas. Uno de los jefes de L’Oréal en Francia es también accionista del grupo editorial que edita esa revista. Tuve el mismo problema cuando hablé sobre Danone en mi primer libro. Es interesante explorar los límites de mi libertad de expresión. Hoy en día puedes hablar de política y poner a parir a Bush o Sarkozy, pero si te metes con cualquier gran marca puedes tener problemas serios. Resulta más escandaloso criticar a una marca que hablar de hacer el amor con una chica de 14 años, algo que sucede en mi libro y no me ha supuesto ningún problema.

Hay un tercer libro que cierra la trilogía protagonizada por Octave Parango, y que estás escribiendo ahora…

Será un libro sobre la televisión. Creo que será divertido que Octave, después de trabajar en publicidad y en una agencia de modelos, acabe como presentador.

Se ha rodado una película sobre ‘11,99 euros’. ¿Te ha gustado?

Sí, es muy divertida. Han traicionado muy bien mi trabajo. Yo mismo coescribí los diálogos, e incluso tengo un pequeño papel secundario.

¿Te molesta que te comparen con Michel Houellebecq o con Bret Easton Ellis?

Al contrario. Me gustan los dos. Son mis amigos, mis hermanos mayores. Houellebecq y Easton Ellis son muy divertidos. Hay una tendencia a olvidar que lo que hacen ellos o yo mismo es divertido, es algo humorístico. Describimos el caos que nos rodea y que de alguna manera está acabando con nuestra civilización, pero al hacerlo, nos reímos de él.

¿Qué has leído últimamente?

He redescubierto la literatura rusa. Me gustan los autores rusos porque son muy precisos, muy detallistas. En mis libros no suelo hacer demasiadas descripciones detalladas. No describo los paisajes, ni siquiera los personajes. El lector puede saber cómo visten, pero no la cara que tiene. Pero Bulgakov o Pushkin tienen esa cualidad de la precisión, y he tratado de progresar en ese sentido. Cuando Octave encuentra a la chica más bella que ha visto en su vida, decidí escribir un par de páginas describiendo su rostro. Cuando era más joven tenía miedo de resultar aburrido, pero ahora me resulta incluso divertida la idea de aburrir.

¿Te has enamorado alguna vez de una modelo?

Sí, pero simplemente viéndolas en las revistas. Ahora mismo estoy enamorado de Lara Stone, por ejemplo. Conocí a Kate Moss en un bar de travestis en Phuket, en Tailandia. Los dos estábamos muy borrachos. Casi me enamoré, pero luego ella puso ‘Sympathy for the Devil’ tres veces seguidas y me pareció excesivo. Le llamé la atención por ello, pero con el colocón que llevaba se lo tomó muy a mal y me pegó un puñetazo en la cara. Ése fue el fin de nuestra historia de amor.

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