Canalla desde siempre, Madrid ha pasado un cierto proceso de reconversión a la modernidad (o a lo que sea) en los últimos años. La buena noticia es que con ello no ha perdido nada de su encanto. Vale, en cuestión de horarios, hay que reconocer que ya no es lo que era en sus años locos, los 80 o incluso los 90. De la libertad casi infinita, se ha pasado a un férreo control de los clubes y discotecas más díscolos. Por poner un ejemplo reciente, el imprescindible Nasti tiene desde hace meses una pareja de policías apostada en su puerta desde las 3 de la mañana para hacer cumplir un nuevo (y aún no definitivo) horario que les obliga a echar el cierre a las 3.30. Para que luego digan que faltan efectivos policiales en la capital de España... Eso sí, el Ayuntamiento sigue presumiendo de noche en sus flyers (perdón, folletos turísticos) e incluso se vanagloria de la oferta de salas de conciertos que ofrece la capital, vendiéndola al guiri como una de las mejores del mundo... Ver para creer.
Eso por no hablar del tema afterhours, esos garitos infernales que proliferaban como hongos hace tan sólo una década (o menos) y en los que se juntaba en feliz promiscuidad festiva lo peor de cada casa, siempre con un abundante arsenal de sustancias químicas a cuestas. Bien, pues a día de hoy, el que tiene un after tiene un tesoro. Vamos, que encontrar un local que vaya más allá de las 6 de la mañana es casi imposible. Pregunten en la puerta de discotecas como Cool, pero como mucho (y ya es bastante) conseguirán que les inviten a una fiesta casera o acabarán en algún bar Pepe compartiendo barra con barrenderos y taxistas apurando el penúltimo carajillo.
Y hablando de dealers, con la droga hemos topado. Aquí la cosa puede resumirse en un antilema olímpico: más cara, más chunga, más corta. Bueno, igual más cara no es, pero desde luego la calidad y cantidad de algunas sustancias (ay, la blanca paloma) ha caído en picado al mismo ritmo que se popularizaba su consumo. Ya saben, la demanda... Y claro, este afán de la chavalería por meterse cosas por la nariz, creando abultadas colas en los servicios de todo club moderno que se precie, tiene sus consecuencias. La más evidente, que ya cualquier discoteca tiene un portero en los baños en labores de vigilancia más propias de la DEA.
Panorama chungo, dirán algunos. Bueno, tampoco es para tanto. Madrid sigue ofreciendo una noche de lo más abierta (para todas las opciones sexuales y gustos musicales), una muchachada bastante amigable con el forastero y muchas ganas de fiesta pese a quién pese. Y es que aquí el lema de Beastie Boys se lleva a rajatabla: “Fight for Your Right to Party!!”.
Discotecas/clubes hot
69 Pétalos (Alberto Alcocer, 32)
El nuevo proyecto del locutor Jorge Albi es todo un desparrame. Todos los viernes y sábados monta una especie de show radiofónico aderezado con performances, gogoteras, decoración kitsch impagable y un público tirando a pijo dispuesto a todo.
Bash (Plaza del Callao, 4)
Su sesiones Ohm (viernes y sábados) están entre las favoritas de la comunidad gay, pero también hay hueco para el personal hetero, claro. Los domingos, Week End es parada obligatoria para el fiestero de última hora y camareras que aprovechan los rescoldos del fin de semana.
Contraclub (Bailén, 16)
Abre todos los días (excepto los lunes) hasta más allá de las cinco de la mañana, y ya sólo por eso merecería salir en esta guía. Pero es que, además, es uno de los garitos más canallas del barrio de La Latina. Rock’n’roll y sonidos negroides en la cabina y una mezcla de gente de la farándula (sobre todo del cine y el teatro), flamencos, rockeros de la vieja escuela y universitarias juguetonas de buen ver que parece cosa de otra época... ¿Lo quieres más claro?: Im-pres-cin-di-ble.
Cool (Isabel La Católica, 6)
En un entorno como sacado de la película ‘Barbarella’ y con sesiones para todos los gustos, Cool es un clásico de las fiestas Primera Línea y del Club Canalla. Los jueves (Sunflowers), hay público mixto y mucho house. Los viernes (Stardust), son probablemente las sesiones más cachondas de toda la ciudad, con una mezcla de techno, electro e italodisco y una parroquia compuesta por lo más granado de la modernidad. A su vez, los sábados (Royal) son territorio gay: house, pechos descubiertos y sudor hasta en las paredes.
Flamingo (Mesonero Romanos, 13)
Sesiones para todos los gustos (jueves, electro y techno en Vektrum; viernes, rollo indie en Ochoymedio, y sábados, sonidos siniestros en Dark Hole), pero siempre en un ambiente que incita a pillar cacho. Además, igual que la sala Nasti, es absolutamente gayfriendly. La pista suele echar chispas.
Macumba (Plaza de la Estación de Chamartín, s/n)
El hogar de la emblemática matinal Space of Sound (domingos) es también todo un laberinto de sesiones: Danzoo (viernes), Sunflowers (sábados) y Élite (sábados en horario de tarde), entre otras. Techno y house a tutiplén para una muchachada que disfruta de los mejores dj’s del mundo con los ojos como platos.
Nasti (San Vicente Ferrer, 33)
Todos los fines de semana, el templo indie/malasañero de la capital -con sus sesiones Astoria (jueves), Barbarella (viernes) y Nasti (sábados)- se pone hasta arriba de chavalería con subidones hormonales y sin ganas de acabar la fiesta (o, al menos, de no hacerlo solo). La franja de edad está entre los 18 y los 28 años.
Stella (Arlabán, 7)
Antiguo epicentro de la movida (Alaska fue una de sus dueñas), lleva ya varios años abonado a la electrónica con sus noches Mondo (jueves y sábados) y The Room (viernes), tomadas por una parroquia de veinteañeros. Uno de los mejores sitios para ligar: el que busca, encuentra.
Toni 2 (Almirante, 9)
Bizarro como pocos, éste es uno de los locales más delirantes que uno se pueda echar a la cara en todo Madrid. Público madurito (por decirlo de una manera suave), juventud trendy y desbocada,
tunos con ganas de incordiar y todo tipo de fauna de Chueca se reúnen alrededor de la inmensa cola de su piano (sí, como lo oyes: el Toni 2 es un piano bar) al son de canciones de ayer y hoy (aunque más de ayer que de hoy), mientras los camareros no dan abasto para surtir de combinados (en copa-balón, ojo) al personal. Lo mejor de todo es que esta encantadora rareza abre todos los días ¡hasta las 6 de la mañana! Para no perdérselo...
Wind (Plaza del Carmen, s/n)
Las noches Deep (viernes, abonadas al tech-house) y Elástico (sábados, de carácter indie) se ponen hasta arriba de un público cien por cien pillón. Ambas tienen una parroquia muy joven. Además, Elastico es bastante gayfriendly.
Le Marquis (Plaza de España, 11)
Restaurante arriba y club fashionista abajo, Le Marquis haría las delicias de su máxima fuente de inspiración, el Marqués de Sade. Decoración barroco-fetichista y camareras reventonas al servicio de un público más bien pijo que acude a la llamada de Fonsi Nieto y Rocío Martín Berrocal, dos de los socios del local.
Showgirls y puticlubs
Chelsea (Silva, 6)
Fue uno de los primeros showgirls de Madrid, aunque ahora se ha quedado un poco viejo en cuanto a ambiente. Hay shows porno en vivo y números lésbicos, y también organizan despedidas de soltero. Abre todos los días hasta las cinco de la mañana y tienen otra sucursal muy cerca, en la Cuesta de Santo Domingo.
La Copa del Veo Veo (Bravo Murillo, 360)
Todo en uno: vende juguetes eróticos, tiene cabinas con DVDs porno, ofrece shows en vivo y, además, tiene salas para disfrutar de un bis a bis con la chica elegida. El nombre, eso sí, es bien chusco.
D’Angelo (Paseo de la Castellana, 151)
Un puticlub a la vieja usanza en Cuzco, uno de los clásicos focos de prostitución callejera de la ciudad. Decoración rancia y chicas de entre 25 y 30 años.
Hot (Plaza de Colón, s/n)
Local gigantesco que cuenta con una barra de striptease, una pista de baile de lo más concurrida y calentorra y centenares de chicas de toda edad (jovencitas, treintañeras...) y nacionalidad (aunque predominan las del Este de Europa y las latinoamericanas) que no paran de acercarse en toda la noche.
New Girls (Gran Vía, 59, esquina Isabel La Católica)
Un showgirl veterano en plena Gran Vía, con espectáculos porno en su pequeño
escenario, y decenas de muy guapas chicas de alterne en la barra. Ideal para el que no se quiere complicar la vida.
Oz Teatro (General Orgaz, 17)
Un showgirls de película, sin duda, el más espectacular de la capital. De largo. Dos escenarios, decoración versallesca y un tanto kitsch, bailarinas de infarto, espectáculos y coreografías temáticas, sillones y reservados a cascoporro y más de 150 chicas en una conocida sala que reabrió sus puertas hace tan sólo un año, después de un largo paréntesis. Está un tanto escondida, pero merece la pena.
Pasarela Olympus (Felix Boix, 9)
Según dicen los expertos en la materia, éste es uno de los centros de escorts más recomendables de la ciudad. Se paga en consecuencia, claro, así que sólo es apto para bolsillos saneados. Cuenta con un book bien amplio en el que se incluyen modelos, azafatas e incluso alguna cara bastante conocida...
Pigmalión (Pinar, 6)
Para algunos, es la mejor “dirección” de la ciudad. Chicas esculturales (muchas de ellas parecen modelos), pero a precios muy elevados (no hay nada que hacer por menos de 300 euros). A diferencia de la mayor parte de estos locales, la norma de la casa es que ellas coqueteen a distancia y que nunca se acerquen al cliente a menos que éste dé el primer paso.
Rotterdam (Paseo de la Castellana, 149)
Otro puticlub tirando a más bien
viejuno, pero con mucho predicamento entre ejecutivos maduros. Chicas de todas las latitudes en un entorno un tanto caduco, pero con tarifas asequibles.
NUESTRO FAVORITO
Club Social La Moraleja
(Avenida de la Industria, 82. Humanes de Madrid)
Como sacado de ‘Airbag’, la película de Juanma Bajo Ulloa, (con esos puticlubs/showgirls que más bien parecían parques de atracciones), así es el Club Social La Moraleja. Justo al lado de la macrodiscoteca Fabrik (sede este año del FICEB), este megacomplejo cuenta con tres escenarios (a cuál más grande), cuatro barras, una pasarela gigante, showrooms privados, una amplia zona VIP, espectáculos interactivos (sobre todo los miércoles, cuando el gran Luis Bersunses ejerce de maestro de ceremonias) y una pecera gigante donde se ven algunos de los shows porno más impactantes del momento. Además cuenta con sus famosas “cabañas del amor” donde uno puede irse con alguna del centenar largo de chicas que animan sus noches. El no va más.
Intercambio de parejas
Encuentros VIP (Vicente Caballero, 14)
Este local de la escena swinger capitalina suele estar a reventar, sobre todo los fines de semana. Decoración retro-futurista muy lograda (nada de sillones de sky cutres) y público bastante más joven que en los locales con más tradición. Jacuzzi, un montón de reservados donde perderse, diferentes barras, cama redonda...
Fusión (Cardenal Silíceo, 10)
Está siendo el éxito de la temporada. Un jacuzzi como una piscina olímpica, parroquia de entre 20 y 30 años y decoración algo más moderna de lo habitual. Además, cuenta con una “zona ibicenca”, mazmorra con celdas, cuarto oscuro, privados y todo tipo de extras.
Royalty (Herreros de Tejada, 14)
Esta “discoteca liberal” ha sido una de las últimas novedades en el mundo del intercambio. Los viernes y sábados, es exclusivo para parejas, y el resto de la semana admite singles, aunque su público siempre suele rondar los 40. Cuenta con cama redonda, cuarto oscuro, cine erótico y todo tipo de recovecos para darse el lote.
Triángulo (Doctor Esquerdo, 67)
Está especializado en tríos, por lo que suele acudir mucha chica y chico solo.
Trivial (San Ambrosio, 8).
Viejo conocido por los asiduos de estos locales (lleva casi 15 años en la brecha), Trivial nunca falla con sus espectáculos eróticos y sus fiestas temáticas. Aunque suene raro (y parezca mentira), se diría que aquí dentro se respira un ambiente casi familiar.
Prostitución callejera
Con el habitual foco de prostitución de la Casa de Campo casi disuelto (aunque algunas chicas del Este siguen allí), ahora esta práctica se concentra en la Colonia Marconi del barrio de Villaverde, el Paseo de Camoens y la calle Fortuny y aledaños (escenario habitual de travestis y transexuales). También se ejerce el oficio en las calles de Montera, Barco, Desengaño y Ballesta, a ambas orillas de la Gran Vía. En pleno centro de la ciudad, se encuentra una mezcla de prostitutas veteranas, toxicómanas y jóvenes inmigrantes.