Beth Ditto
Bendita Beth: no es una sex symbol, nadie ha dicho que lo fuera, pero la líder del grupo The Gossip ha conseguido llevar a las listas de éxitos del rock aquel sueño húmedo de nuestro querido Javier Gurruchaga, el que ‘ellos las prefieren gordas’. ¿Las preferimos gordas?
Suponemos que quienes nos leen aquí tienen el estómago fuerte y no se arrugan ante una bolsa de michelines de tan gloriosa embergadura y tal frescura a la hora de airear las arrobas como las de Beth Ditto.
Bendita Beth: no es una sex symbol, nadie ha dicho que lo fuera, pero la líder del grupo The Gossip ha conseguido llevar a las listas de éxitos del rock aquel sueño húmedo de nuestro querido Javier Gurruchaga, el que ‘ellos las prefieren gordas’. ¿Las preferimos gordas? A servidor que le registren, pero como hay gente para todo, pongamos por unos minutos en un altar erótico a esta mujer de armas tomar con más pliegues que unas sabanas recién planchadas.
Beth Ditto ha conseguido convertirse en una celebrity por tres razones. Primero, porque su grupo, The Gossip, es bueno: con singles tan potentes como “Standing on the way of control” supieron alzarse a lo más alto del hype del rock bailable en la temporada 2006-2007 y competir cuerpo a cuerpo –no va con segundas– con bandas como Hot Chip y LCD Soundsystem. Segundo, porque la niña es un animal escénico que se come –tampoco va con segundas– las tablas del escenario pataleando como un hipopótamo, gritando como una urraca y yendo de un lado para otro como una leona hambrienta. Es un espectáculo.
Y tercero, por su descaro y ganas de fiesta gorda –insistimos: no va con segundas–. Allí por donde pasa Beth Ditto no vuelve a crecer la hierba, y no por la fuerza de su pisada, sino por el entusiasmo y la energía destroyer que desprende en los clubes y bares en los que ha aposentado sus voluminosas nalgas. Dada al alcohol en exceso, no es extraño encontrársela por Londres chapando garitos y dando el espectáculo quitándose la ropa en pleno subidón etílico.
De todos modos, un momento fue determinante para poner a Beth Ditto en el centro de los focos, proyectarla como celebrity thrash y, de paso y para los más fetichistas, situarla como sex symbol atocinada. El momento fue cuando posó en la portada de la revista New Musical Express como dios la trajo al mundo –pero con unas cuantas cajas de donuts de más en el cuerpo–, con unos labios de carmín estampados por la zona en la que más celulitis se le acumula y esa gracia de mujer del agro que con mucho gusto hubiera pintado Rubens. En Inglaterra no hay nadie que no la conozca, ha sido invitada a todo tipo de programas de televisión, y sus conciertos son acontecimientos sociales de primer orden. Luego habrá quien sueñe con perderse entre los pliegues de su cuerpo y desplazarse de pie a cabeza como quien avanza sobre un colchón de agua. Hay gustos para todo el mundo, ¿no creen? La semana que viene una flaca, prometido.
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