Cuando follas mucho, llega un momento en que los absurdos tabúes sobre el sexo de esta sociedad nuestra se evaporan”, nos cuenta el director, Christian Molina. “Por eso, el primer día de rodaje, con los actores desnudos y todo el equipo presente, les pedí que llamásemos a las cosas por su nombre para conseguir entre todos un clima de normalidad. Eso, y que follasen mucho al llegar a sus casas”. Sólo así, según Molina, iban a poder abordar las escenas de sexo como algo “no más incómodo que una simple cena”.
Y es que en ‘Diario de una ninfómana’ se bate todo un récord mundial de escenas de cama. Hasta 45, un número inédito incluso para los estándares del cine español, uno de los que que más suelen preocuparse por satisfacer los instintos lúbricos de sus espectadores. 45 escenas de sexo, a un mínimo de medio minuto por escena, dan para mucho sexo en pantalla. Aunque todo, eso sí, cien por cien justificado por el guión. Nada gratuito, nada soez, nada de mal gusto.
“Yo no había rodado nunca una escena de ese tipo”, reconoce Molina, “así que pedí que me programaran una nada más empezar, para romper el hielo lo antes posible”. Algo más de experiencia en estas lides tenía su primera actriz, Belén Fabra, nacida en Tortosa hace 31 años y forjada en el mundo de la danza clásica y el teatro amateur. No en vano, a Belén le tocó pasarse desnuda casi desde el primer al último minuto de la función en ‘Plataforma’, adaptación teatral de la obra homónima de Michel Houllebecq, y participó también en la bastante tórrida última película de Bigas Luna, ‘Canciones de amor en Lolita’s Club’. Para esta actriz magnética, de intensos ojos verdes, tanto desnudo y tanto sexo no son más que gajes del oficio. La clave para abordar este tipo de escenas es, en su opinión, “no darles una especial importancia y abordarlas con naturalidad”. A pesar de ello, según reconoce, “todos tenemos nuestros complejos, nuestras manías y días en los que nos sentimos más inseguros o vulnerables. Si te toca un día así, tienes doble trabajo: relajarte y actuar”. Y sobre el posible encasillamiento, ella, que es una actriz de raza y que expresa emociones genuinas sin el menor esfuerzo aparente, con o sin ropa puesta, lo tiene claro: “Quien sólo vea sexo en lo que hago, es que tiene una visión muy limitada, así que no me preocupa en absoluto. Sí es cierto que durante un tiempo tu imagen se puede asociar a un tema determinado, pero se trata de trabajar y de saber elegir. Al final, todo va tan rápido que estas cosas se olvidan”.
Los orígenes de una historia
Rebobinemos unos cuantos capítulos de esta historia. Antes, mucho antes del estreno de este película trufada de sexo y, a la vez, cruda, honesta e intensa, mucho antes también de empezar a rodarla, hubo un libro. ‘Diario de una ninfómana’, de la francesa afincada en Barcelona Valérie Tasso. Éxito editorial en 2005, el libro era una sentida autobiografía sexual que abordaba temas como la promiscuidad en cadena, las adicciones afectivas, los malos tratos o la prostitución de lujo. Valérie Tasso se desnudó en él, y hoy confiesa que nunca ha vuelto a leerlo (“¿para qué?”, se pregunta divertida). La posibilidad de llevar la novela al cine surgió, según la propia Valérie, “como surgen casi todas las cosas en la vida: por casualidad”. Fue “el encono, años más tarde de que fuese publicado, de una mujer enormemente interesada en la historia: Mariví de Villanueva, de Canónigo Films, lo que hizo que Filmax se decidiese a comprar los derechos“. Y eso que la productora catalana había considerado inicialmente que la historia era muy difícil de adaptar al cine con éxito.
En el cambio de opinión influyó, además de la insistencia de Mariví de Villanueva, el propio Christian Molina. Licenciado en Dirección de Cine por la ESCAC, Christian había dirigido ya un prometedor debut, ‘Rojo sangre’ (comedia con pincelada de terror que contó en su reparto con Paul Naschy, Bibiana Fernández y Guillermo Montesinos), y era un fan entusiasta del libro de Tasso. Para él, se trataba de la historia de una mujer que se resiste a comulgar con las ruedas de molino de la corrección política: “Durante siglos, los hombres han marcado lo que está bien o mal en la sociedad, y aquí nos encontramos con una mujer que se esfuerza por ser ella la que marque sus propios límites y sus propias reglas”.
Es decir, que el libro le daba estupendas vibraciones. Y éstas fueron aún mejores cuando conoció personalmente a Valérie: “Me la presentó un amigo. Fuimos a cenar y me “enamoré” de ella. De su vida, de su elegancia, de cómo hablaba de sexo. Pero sobre todo, de lo mujer que es. Cuando te pones delante de ella, te haces pequeño. Por eso me apeteció contar su vida”. Al otro lado de la mesa, Valérie se llevó también una muy buena impresión del joven cineasta que quería conocerla y adaptar su libro: “Me pareció un chico con mucha ilusión y buenas intenciones. Le dejé hablar y tomé notas”.
Más tarde, el propio Molina y la guionista Cuca Canals empezaron a escribir el guión de la película a cuatro manos, con algo de ayuda externa (pero ninguna voluntad de entrometerse) por parte de Valérie Tasso. Tal y como explica ella, “el director, la coguionista y yo tuvimos un encuentro informal para hablar un poco sobre mi segundo tema favorito: yo.
Después, no tuve más noticias hasta que concluyeron una primera versión del guión que tuvieron la deferencia de leerme”. Ese guión se separa bastante del libro, podando algunos aspectos de la historia y haciendo hicapié en otros. Como explica Christian, “la película ha acabado teniendo más de lo que captamos del alma de Valérie que de su libro”.
Buena factura
El resultado, una película, según dice la propia Valérie, “elegante y muy cuidada, con una buena factura visual más propia de la industria de cine anglosajona que de la española”. Una película que cuenta la historia de una mujer joven, culta, independiente y promiscua. No una ninfómana, porque según quiere aclarar Molina, “las ninfómanas no existen”. Ésa es sólo una etiqueta que se cuelga a las mujeres cuyo comportamiento sexual incomoda, porque va bastante más allá de lo que la gente pacata y metomentodo está dispuesta a aceptar.
La película, además de con Belén Fabra, cuenta con un reparto sólido y solvente: Leonardo Sbaraglia, Geraldine Chaplin, Llum Barrera, Ángela Molina… La propia Belén da un rápido y empático repaso a sus compañeros: “Con Llum había risas constantes, era aire fresco. Ángela me hipnotizó con ese fuerte magnetismo, ¡es una fiera tan bella! Y a Geraldine [su abuela en la película], la abrazarías durante horas: transmite amor, sabiduría y seguridad. Me sentí muy afortunada”. En cuanto al argentino Leo Sbaraglia, “es un loco creativo. Encantador como persona y implicado al cien por cien en su trabajo. Al principio, me descolocaba porque constantemente buscaba matices al personaje y a veces no sabías si te hablaba él o Jaime (su personaje), pero cuando entendí su forma de trabajar, me relajé y disfruté de su talento”. El de Sbaraglia es, por cierto, un personaje de alto riesgo. El de un hijo de puta que humilla, maltrata y desquicia a Val con el pretexto de que (supuestamente) la quiere. Aunque un hijo de puta, como matiza Valérie, “que no sabe que lo es”, lo que hace que interpretarlo resulte aún más difícil. El caso es que Sbaraglia se sale en su papel, tanto cuando seduce como cuando hace aflorar su lado oscuro y se comporta como un cruel energúmeno. Y Belén Fabra le da una replica de altura en las escenas que comparten, las más intensas y dramáticas de la película. “Me emociono mucho cuando veo algunas escenas”, explica Fabra, “creo que no me va a resultar fácil ver la película rodeado de gente, se me hace muy duro. Pero hacerla fue un placer, sobre todo, por el trabajo, amor y respeto que hemos invertido todos los que hemos participado en ella”.