domingo, 23 de noviembre de 2008

Cine PL

Goerge A. Romero “El mundo está lleno de zombis”

12/08/2008

José Manuel Serrano Cueto

Goerge A. Romero “El mundo está lleno de zombis”

Le inyectó una dosis de sangre, vísceras y sátira al cine de terror, y lleva ya 40 años sacándole punta a sus sagas zombis. Este verano, Romero ha presentado ‘El diario de los muertos’, una crítica despiadada a la moderna sociedad de la información.

Las ambulancias rodean la entrada de un edificio en el que se han producido varias muertes extrañas. Los cámaras televisivos rondan la zona a la espera de la confirmación de los hechos. Cuando los servicios sanitarios están empezando a trasladar los cadáveres, éstos se levantan y empiezan a morder a los enfermeros. Las imágenes son transmitidas por televisión, pero en ellas ya no aparecen los zombies. Así arranca ‘El diario de los muertos’, la nueva película del reinventor del género zombi, George A. Romero. En ella, el veterano director critica cómo los medios de comunicación falsean la realidad y excitan nuestros instintos más primitivos. Y es que nunca verás a los zombies en el telediario. Porque no existen, claro, pero si existieran, tampoco aparecerían.

Esa alianza entre sátira política y serie B es últimamente muy habitual. Y no es extraño. Al fin y al cabo, si los telediarios son cada vez más amigos de emitir escenas gore y de convertir los hechos en ficción, ¿por qué la ficción y el gore no nos van a poder informar de lo que pasa? O eso es lo que piensan los viejos rockeros: Joe Dante, autor de ‘En los límites de la realidad’ y ‘Gremlins’, levantó a los muertos contra Bush en ‘Homecoming’. John Carpenter, director de ‘La niebla’ y ‘La cosa’, cree que los zombies son perfectos para el cine político. Y George A. Romero  vuelve a utilizar a esos muertos que andan despacio y muerden sin piedad para introducir unas cuantas reflexiones sobre nuestro tiempo.

Quiso ser Bergman

Y es curioso, porque ese tipo de actitudes no encajaban en absoluto en las intenciones iniciales de este neoyorquino de 69 años, criado en el Bronx y nacido al cine en Pittsburgh, quien, según confiesa “lo que de verdad quería era hacer películas a lo Bergman, fantasías medievales sobre adolescentes camino de convertirse en adultos”. Pero el chico que pretendía ser un artista trascendente llegó a una conclusión que cambiaría su vida: “Era una pérdida de tiempo ir de despacho en despacho explicando que quería filmar cosas que a nadie le interesaban. En cambio, si les contabas que la película iba a ser de terror, con sangre y monstruos, era mucho más fácil encontrar financiación”. Así surgió su primer largometraje, ‘La noche de los muertos vivientes’, el título que le consagró y que le marcó su camino definitivo: “Cuando eres joven y piensas en lo que serás de mayor, no te sueles imaginar como director de pelis de terror. Pero eso es lo que hay”.

Lo que tampoco podía imaginar entonces es que las derivas de su carrera le llevarían a autodefinirse como “el Michael Moore del horror”.  Algo a lo que contribuyó sobremanera ‘La noche…,’ una obra de bajo presupuesto, con imagen granulosa y protagonista negro, la combinación ideal para que unos cuantos listos dijeran que se trataba de una crítica a la dominación blanca. “En realidad”, nos cuenta Romero,  “Duane Jones era el mejor actor de todos nuestros amigos, y por eso le dimos el papel protagonista”. Pero como quiera que el rebelde negro era asesinado en una película estrenada días después de que mataran a Martin Luther King, todo el mundo vio en el subtexto el enfrentamiento entre razas y la descripción de una América que  se devoraba a sí misma.

Amanecer zombi

El caso es que a Romero no le pareció mala idea dar pie a que continuasen las lecturas en clave política de su obra, y así lo ha venido haciendo, película tras película, desde entonces, Aunque es en su nueva obra donde este tipo de asuntos aparecen más explícitos que nunca. Aquí, Romero señala con el dedo a quienes construyen realidades falsas, ironiza  a su costa y muestra una población cada vez más indignada cuando conoce la verdad: “¿Qué  pasa por la cabeza de esos cámaras que mientras la gente muere a su alrededor sólo se preocupan de seguir filmando? ¿Se dan cuenta de la estupidez que es tratar de obtener la imagen más impactante en esas condiciones?” Romero no sólo culpa al tipo que sujeta el instrumento de grabación ni a los ejecutivos que ordenan la emisión de esas imágenes; sobre todo, acusa al público. “Es el verdadero responsable. Te sientas frente al televisor y en lugar de formarte tus propias opiniones y razonar acerca de lo que te dicen, te lo tragas todo. Al final, la gente se engancha a ver programas estúpidos que les cuentan cómo deben pensar: se tiran en el sofá, cogen la cerveza y repiten lo que les han dicho que digan”. ¿Quién es el zombi ahora?

Hay quien afirma, frente a esa situación de desidia generalizada, que Internet es la gran oportunidad para cambiar las cosas. De ello se habla, y profusamente, en ‘El diario de los muertos’. Pero, como señala Romero, deberíamos poner entre paréntesis tanto lugar común. “Seguro que hay mucha gente con blogs interesantes, tipos honestos e informados. Pero no sabes que existen. Al final, casi todo el mundo habla de lo que aparece en los principales programas televisivos o de la última chorrada que dan todos los telediarios”. Además, dice Romero, “a mucha gente le ocurre lo mismo que muestro en la película: que sólo quiere que su web tenga más visitas”.  Pero ‘El diario de los muertos’ ofrece mucho más que comentarios sobre los nuevos tiempos. En cierto sentido, Romero quería demostrar una vez más que era capaz de meterse en lugares inexplorados. “Pensé que era tiempo de hacer un largometraje de pequeño presupuesto, de arriesgarme con algo más espontáneo e inmediato, lejos de los grandes estudios. Pensé que era tiempo de volver a lo básico”. Romero habla de guerra de guerrillas cuando se refiere a su último trabajo, y algo de eso hay. Pero el problema es que coincide en su estreno con otras producciones, caso de ‘Redacted’, ‘Monstruoso’ e incluso la española ‘REC’, que utilizaban los mismos recursos. Sin embargo, en lo formal, la peli resulta mucho mejor que esas producciones nerviosas y poco nítidas que abusan de la cámara al hombro. Y en lo temático, profundiza en la peculiaridad de unos muertos vivientes especiales, a los que Romero llama “comedores de carne”. “Ese era el término que empleábamos al referirnos a ellos en mi primera película. La diferencia de mis zombis con el resto es que pertenecen a la clase de tipos que te puedes encontrar por la calle todos los días. Son la gente de tu barrio, pero con el pequeño problema de que están muertos y quieren comerte. Y es que los vecinos suelen dar miedo. Y si están muertos, todavía más”.

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