Gordito y simpático. A primera vista Guillermo del Toro parece caer en los estereotipos de la gente algo subida de peso. Afirma que la comida es su única adicción. El dinero y la fama no le importan o al menos no le obsesionan, a diferencia de las criaturillas que revolotean en su cabeza 24 horas al día. Su mente parece ser una fábrica de personajillos fantásticos, algo de lo que echa la culpa a su padre, que para hacerse el culto se dedicó a comprar todas las enciclopedias disponibles.
¿De dónde viene esa obsesión tuya por las criaturas extrañas?
Es algo que me ha llamado la atención desde pequeño. Siempre me ha gustado la biología, la animal y la humana. Cuando mi padre se convirtió en un nuevo rico gracias a la lotería, pensó que comprando muchas enciclopedias estaríamos al nivel social que merecíamos. Yo me leí todas las que compró. A la vez mi interés en el arte empezó a florecer, así que la biología y el arte se convirtieron en una obsesión para mí. La diversidad en ambas categorías me fascinó. Los monstruos en particular siempre me fascinaron. De hecho, se decía que mucha de la imaginería que apareció en la Edad Media se debió a la ingesta del ácido resultado de la fermentación del centeno en el pan.
Muchos directores hacen una película y luego no quieren estropear su recuerdo con una secuela. ¿Qué te empujó a ti a hacer la segunda parte de ‘Hellboy’?
La verdad es que me encantaría dirigir ‘Hellboy 3’ si es que se llega a hacer. Es una película a la que tengo un especial cariño, y lo cierto es que cuando me embarqué en el proyecto sabía que no me iba a hacer rico con ella. Mi acuerdo con la productora no fue demasiado bueno para mí. Aún así, ‘Hellboy’ está tan cerca de mi corazón como la Ofelia de ‘El Laberinto del Fauno’. Mike Mignola creó a Hellboy en los cómics y para mí ha sido un verdadero honor llevarlo a la pantalla grande. Tras hacer la primera entrega, me quedé con ganas de mejorar un montón cosas. Para mí, ‘Hellboy 2’ ha sido como hacer una película nueva por completo, mucho más cercana a la idea que yo tengo en la cabeza de Hellboy. La primera tiene muchos fallos. En la segunda, he puesto todo lo que tenía que poner.
¿Por qué dices que Hellboy es tan cercano a ti?
Me veo en cierta forma reflejado en él. Es un personaje de dimensiones totémicas, que representa muy bien la masculinidad. Es cabezota, en ocasiones no demasiado espabilado ni se expresa con demasiada soltura. Yo puedo expresarme bien, me considero una persona articulada a la hora de hablar, pero en el fondo disfruto como él tomándome mi cervecita sin que nadie me moleste. En la película, cuando Selma Blair, le pregunta “¿Por qué estás conmigo?”, Hellboy se queda mudo. Yo seguramente haría lo mismo. Tengo 43 años y de mayor sigo queriendo ser Hellboy.
¿Cómo te ha cambiado la vida desde el éxito de ‘El Laberinto del Fauno’?
Me ofrecieron dirigir ‘El Hobbit’, que ya es bastante [sonríe]. También hay otra cosa que ha cambiado radicalmente. Como mexicano que soy, pasar inmigración es una de las peores experiencias, no puedes evitar cada vez que toca el turno de empezar a temblar, creo que es una reacción genética en todos nosotros. Por suerte, ahora puedo hablar con el oficial de turno y me medio reconoce por mis películas.
Estás muy orgulloso de ‘El Laberinto del Fauno’, ¿verdad?
Sí, creo que si me muriera mañana podría decir que he hecho algo de lo que estoy orgulloso. Ha dado sentido a mi vida.
¿Puedes contarme cómo va tu productora, Cha Cha Cha? ¿Estáis intentando conquistar Hollywood con ella?
No, justo al revés. Estamos intentando que Hollywood no nos conquiste. Acabamos de terminar nuestra primera película, que se titula ‘Rudo y Cursi’, dirigida por Alfonso Cuarón. Ahora empezamos la segunda, dirigida por Rodrigo García, y la tercera será de Alejandro González Iñarritu. Yo estoy escribiendo el guión de la mía, que se titula ‘Saturn & the End of Days”, pero hacerla me llevará como mínimo entre dos o tres años.
¿Te preocupó en su día que ‘El Laberinto del Fauno’ fuera rodada en español, minimizando así las posibilidades de hacer más dinero?
Nunca me lo planteé. No pienso en esas cosas cuando ruedo Si lo hiciese, tendría probablemente una mansión y un cochazo. Nunca pienso en el dinero que va a hacer una película cuando me pongo a
trabajar en ella, las finanzas no son lo mío. Lo cierto es que no he sacado ningún beneficio de ‘El Laberinto del Fauno’, pero no me importa. La película se vendió de tal forma que los únicos beneficiados eran el distribuidor y el exhibidor. Yo me conformo con poco. Mientras haga dinero para ir viviendo más o menos bien, estoy contento. Una vez, Spielberg me preguntó qué coche conducía, y al verlo me dijo: “Vaya, eres un conductor sensato”. Porque conduzco un Chrysler del año 2000, de lo más barato para la gente de Hollywood [risas]. Vengo de México, y allí la actitud es más bien: “¿Cuánto tengo que pagar para hacer una película?” Para mí, ya es un éxito y casi un milagro poder hacerlas, no digamos ganar mucho dinero con ellas.
¿Te pone nervioso reunirte con gente como Steven Spielberg?
Mucho. Es como reunirte con Mozart, alguien con un talento increíble. Para mí, como reunirse con los Beatles.
¿Hacer películas en Hollywood era uno de tus sueños de infancia?
No, lo único que he querido siempre es, simplemente, hacer películas.