Tras diez años trabajando en el cine y la televisión, Isabel de Ocampo ha dirigido su cuarto cortometraje, ‘Miente’, una historia sobre la trata de mujeres que ha conseguido premios como el Roel de Oro de la Semana de Cine de Medina del Campo o el Especial del Jurado en el Festival de Málaga.
¿Es ‘Miente’ un corto social o más bien un thriller?
Es un corto de cine social, porque la temática lo es, pero yo lo rodé y monté como si fuera un thriller. Para mí es cine social de acción. Anteriormente, he hecho cine más poético, he hecho comedia, y quería probar el suspense. Como aficionada, me maravillan la saga Bourne o ‘Michael Clayton’. ‘Miente’ es cine social, pero con acción y suspense.
¿Te documentaste sobre la trata de mujeres?
Muchísimo. Es un tema muy delicado. A los proxenetas y dueños de clubs de alterne les interesa que en los medios de comunicación haya una imagen de la prostituta que lo es porque decide serlo, cuando en el 99% de los casos no es así. Es un tema de pura y dura esclavitud. En un reportaje que leí hace poco en ‘El País’, el primer párrafo consistía en explicar dónde están las prostitutas, a qué hora y cuánto cuestan. A mí me gustaría que entrevistaran a los proxenetas. ¿Cuánto te llevas por cada chica? ¿En qué consiste tu trabajo? ¿Le pegas? Para darle la vuelta al chip y que descubramos que hay gente que está explotando a otros seres humanos, y eso es inaceptable en cualquier país medianamente avanzado.
¿Investigaste sobre las inmigrantes que traen a España para prostituirlas?
Yo paso todos los días por la calle Montera en Madrid y me impactaba mucho la visión de esta calle y de esas chicas, de cómo funciona y cómo está organizado. Cada una tiene su sitio, y ellos están cerca controlándolo todo. Cuando fui a rodar el corto a Bulgaria, me contaron que allí sucede lo inverso: en los países del Este, no las ves en la calle. Hay dramas humanos que te cuenta la gente, sobre chicas a las que llevaron a trabajar engañadas a no sé dónde y al final su familia tardó dos años en recuperarlas.
¿Por qué decidiste rodar en Bulgaria?
Por una cuestión de lo más terrenal: tengo una amiga búlgara con contactos en la Escuela de Cine de Sofia. Los americanos ruedan mucho en Bulgaria y los búlgaros no solo están acostumbrados a los rodajes sino que son unos profesionales como la copa de un pino. Mientras yo estaba con mi corto, Antonio Banderas estaba rodando su última película en el aeropuerto. Rodamos con actores de teatro de primera línea en Bulgaria, y eso se nota muchísimo en el resultado.
¿Cómo encontraste a la protagonista?
Soy de Salamanca, y un día estaba en un bar con mi hermano comentándole que necesitaba una chica con cara de rusa para un corto. Entonces apareció una rubia eslava muy cabreada, nos puso las cañas y mi hermano me animó a que hablara con ella. Le pedí el teléfono, y aunque de entrada le pareció un poco marciano me lo dio por si acaso. Se llama Sveta Zhukovska, tiene 18 años, lleva nueve viviendo en Salamanca, habla español perfectamente y tiene un poderío, una mirada...
¿Cómo valoras los premios que estás consiguiendo con el corto?
Los premios tienen un efecto secundario inesperado: un chute de seguridad en ti misma. Descubrir que lo que haces gusta a otras personas, que conecta con alguien, es casi milagroso.