Los que aparecen en estas páginas cumplen todas las expectativas de los matrimonios jóvenes sin hijos o los solteros. Al volante, lo cierto es que existen muy pocas diferencias entre ellos en cuanto a comportamiento dinámico y prestaciones en general. Quizás el Citroën sea un poco más blando de suspensión, pero todos resultan equilibrados en sus reacciones a la entrada y salida de las curvas cerradas o más abiertas. En cambio, en amplitud, aún sin grandes diferencias, el Ford y el Renault superan al C4. Eso sí, la línea perfilada del Citroën lo hace muy atractivo, con el añadido de contar con una aerodinámica excelente. Respecto a los acabados, muy poco se les puede reprochar.
El puesto de conducción que más nos ha gustado es el del Ford; al menos, es en el coche que más rápido llega uno a adaptarse. Y el más fácil para acceder a las plazas traseras es el Renault, aunque en este aspecto ninguno de los tres son una maravilla. Por otra parte, no se les ha sometido a una prueba de resistencia de los frenos al calentamiento, porque el conductor de calle, aunque le guste conducir con deportividad, nunca va a obligar tanto el equipo de frenado si no llega a meterse en un circuito. Lo cierto es que, en una conducción normal, los tres paran correctamente.