domingo, 23 de noviembre de 2008

Mundo PL

Haciendo las paces con la cultura popular

14/09/2008

Roberta Marrero

Haciendo las paces con la cultura popular

Curioso como de vez en cuando, según nos cuenta Marrero, la cultura popular aparca la caspa sempiterna y se cubre de buen gusto.

Soy una gran defensora de la cultura popular. De hecho, muchos de mis iconos vienen de ella: Elvira, Vampira, Andy Warhol, todo elHollywood clásico o series de televisión como ‘La familia Monster’ o ‘Twin Peaks’. Sin embargo, lo popular deja bastante que desear últimamente, la verdad. Vivimos en una era muy confusa cuturalmente, sobresaturada de imágenes y encorsetada en unos parámetros que no casan mucho con mis gustos. No suelo comprarme ninguno de los CDs que llegan al número uno o ir a ver la mayoría de las películas que al común de las personas les parecen lo más. Por no hablar de los cánones de belleza actuales: chicas hechas en serie tipo “boca grande-nariz pequeña-megatetas” para ellas, y metrosexualidad para ellos. Pero el caso es que, confudidos entre estos alarde de mal gusto (malo sin más, no el “buen mal gusto”  que siempre ha predicado  John Waters), de repente hay fenómenos culturales que dan luz y alegría, y que a mí me dan que pensar. Ahora todo el mundo piensa que Amy Winehouse es lo más (que lo es) y que su look (icónico como pocos) es copiable y ponible. Incluso adoran leer sobre sus adicciones en la prensa. Y yo me pregunto: ¿dónde estaba antes toda esa gente? Aún siendo ecléctica a muerte, pienso que hay cosas que no casan, que no tienen un nexo común, y me digo: “¿Compran el disco de Amy y uno de M-Clan?” Lo mismo me  pasa cuando, de repente, mujeres guapas de verdad como Rose McGowan o Dita von Teese son sex symbols internacionales. Dos mujeres de piel blanquísima,  con no demasiado pecho y personalidades muy alejadas de la típica niña tonta que parece gustarle a casi todos los hombres. ¿Y todos estos caballeros que tienen sueños húmedos con estas señoritas, dónde se meten? Con la belleza masculina, pasa lo mismo: la metrosexualidad es lo peor que le ha pasado a los hombres heterosexuales a nivel estético, y sin embargo  impera. Hombres depilados, con las cejas a lo Greta Garbo (con la diferencia de que a ella le quedaban de infarto y a ellos les quedan horribles), megahidaratados, súper bronceados y cero sexys a mis ojos. Y de repente viene George Clooney, que es un prototipo de hombre a la antigua usanza, con su pinta de  galán de cine clásico,  y rompe el corazón de todas estas mujeres que suspiran por los gorilas metidos a vedetes. ¿En qué quedamos entonces,  en pecho peludo (mucho más apetecible por cierto) o pecho rasurado tipo “me tocas y soy una lija”?, me sigo perdiendo. En fin, que podría seguir horas poniendo ejemplos de personas que de repente triunfan y gustan contra todo pronóstico,  como Tim Burton y sus supertaquilleras fábulas góticas, por ejemplo; pero no lo voy a hacer. De todos modos, pese a mi perplejidad, yo estoy a favor de que todo esto pase, porque me reconcilia con la cultura popular y me hace ver que todavía hay gente en el mundo con buen gusto y distinguido criterio. Como el mío.
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