Hay personas que no pueden escapar a su destino. Cuando creces en un determinado entorno, éste marca sin remedio la senda que seguirás en la vida. Por ejemplo, si tu padre, tu abuelo y tus hermanos son trabajadores siderúrgicos o mineros, es más que probable que tú también lo seas al hacerte mayor. En el caso de Miguel Bosé, está claro que el hombre no podía escapar al destino que llevaba estampado en sus genes. Tenía que ser Artista (con mayúsculas), porque nació y creció rodeado de Arte (así, también con mayusculas).
Si tu padre es un torero famoso, tu madre una diva del cine, tu padrino es Luchinno Visconti y te lleva al colegio Pablo Picasso, en algo se tiene que notar. Miguelito vino al mundo en Panamá un 3 de abril de 1956, en el seno de una familia de Artistas (etc.). Ya desde muy pequeño, hizo sus pinitos en el cine, sobre todo en películas de amigos de la familia. Miguelito crece y empieza a dar tumbos buscando su verdadera vocación. Ya había dicho tito Pablo que el chaval tenía mucho talento. Así que prueba con la danza, el mimo, la expresión corporal, las finanzas, la economía e incluso la cocina salvadoreña, en la que obtiene un postgrado en arte culinario Pipil.
Pero su verdadera senda se la marcaría otro grande de la musica ligera patria: Camilo Sesto. En 1975, el gran Camilo le da la alternativa, y en el 77, en plena explosión punk, Bosé publica ‘Linda’, su primer album, con inolvidables temas como ‘Amiga’ o ‘Mi libertad’. De un gorrazo, el joven Miguel se convierte en fenómeno de masas de la llamada música para niñas (histéricas). Comienzan a surgir los primeros Clubs de Fans del artista, algunos de los cuales sobreviven aún hoy en día. Los dos siguientes lanzamientos, ‘Miguel Bosé’ (78) y ‘Chicas’ (79), no hacen más que acrecentar su leyenda y la legión de fans que incluso acampan en la puerta del domicilio del cantante. Pelotazos como ‘Anna’ o la inmortal ‘Super superman’ lo aupan a la categoria de ídolo eneracional, pedestal del que aún hoy se resiste a bajarse.
Pero la cosa no acaba aquí. En un derroche de imaginación y, por qué no decirlo, de Arte, Miguel se reinventa. Como un Aladdin Sane torero y disfrazado de Moda de España, Miguel deja sin habla a crítica y público al editar, en 1984 ‘Bandido’, su obra cumbre. Temas como ‘Sevilla’ y ‘Amante bandido’ le abren el Olimpo de los Elegidos.
Miguel vive momentos dulces. Publica discos más densos, más personales, más adultos. Es un artista en transformación. ‘Salamandra’, ‘XXX’, ‘Los chicos no lloran’. Éxito tras éxito. Gira tras gira. Premio tras premio. Y por si esto no bastara, rueda con Almodovar. Hace teatro con la Fura. Presenta en TVE. Dirige colecciones de CDs para ‘El País’. Revisita el trip hop cuando ya llevaba siete años muerto. Todo es posible para este hombre del Renacimiento.
Y sin embargo, una extraña sensación nos invade cada vez que hablamos de este sagrado Tótem de la Cultura Hispana, ese David Bowie Español, ese camaleón de este Grand Guignol que llamamos Vida, ese Papito, patriarca del Arte con eñe. ¿Podemos tararear su última canción? ¿Cual es la última película que ha estrenado? ¿Qué gala ha presentado? ¿Qué noble causa ha abrazado? Ni idea. Y lo peor es que nos da igual. Pero no importa, porque Miguel siempre será nuestro amante bandido.