Posiblemente si usted es rico, famoso, popular o guapo (aún mejor si es guapa), conocerá a algún RR PP (relaciones públicas). Son mujeres y hombres cuya labor consiste en crear y fortalecer vínculos sociales con el cliente en discotecas, restaurantes, y empresas. Es una reconocida profesión que requiere don de gentes, amplia sonrisa e impecable presencia, se hayan duchado o no. Su reputación suele ser directamente proporcional al prestigio de su cartera de contactos y, aunque en muchas ocasiones no se les dé demasiado crédito, a veces llegan a gozar del tratamiento de personalidades públicas y acceden a las más altas cotas de la vacuidad social. Pero no se apure: si por el contrario usted es pobre, anónimo, anodino o feo (aún peor, si es fea), conocerá igualmente a algún RR PP por la tele y la prensa sonrosante.
Hasta aquí, lo normal. Pero fíjense ustedes que, en la práctica, el trabajo de RR PP es mucho, pero mucho más habitual y popular de lo que podíamos sospechar. En realidad, los RR PP están por todas partes. Estamos rodeados y sin escapatoria. Y atentos, porque éste es el perfil del personaje: macho o hembra, edad indeterminada, cualquier ocupación profesional, aspecto desde excelente hasta sólo agradable, simpáticos y hasta encantadores, aduladores, optimistas y positivos, y, normalmente, al margen de esta lista de dones, carentes de talento alguno. Es posible que hayan encontrado similitudes con algún conocido, amigo o familiar, pero que no terminen de estar seguros de que se trata de uno de estos RR PP camuflados. No importa, he aquí la madre de todas las pistas: el verdadero RR PP evita el enfrentamiento, huye del cuerpo a cuerpo y del trabajo “real”, tal vez discute con una sonrisa pero nunca entra en combate y jamás quema sus naves. El RR PP no se pringa, porque vive de las puertas que va abriendo con su sonrisa, a veces sincera, pero nunca desinteresada. Siembra con paciencia y no se cansa de acumular “amigos”. Su agenda de amistades está plagada de nombres populares o personajes poderosos en la medida de sus posibilidades o, tal vez, un escalón más arriba de éstas. El RR PP nunca está solo. Solo no es nada, pero su adicción social es enfermedad y cura al mismo tiempo. Conocer gente y ponerla en común, desplegar sus encantos, su saber estar y dejar un anodino poso son su razón de ser. Vivir de la luz ajena y brillar fugazmente de prestado. ¿No les suena de ese simpático compañero de oficina que ha llegado demasiado alto para tan poca enjundia? Hagan un somero repaso de las personalidades públicas que han conseguido engañarnos a todos. Los hombres y mujeres de nuestro panorama social y cultural cuyo principal talento ha sido rodearse de las personas adecuadas. Artistas de la canción que curiosamente no saben cantar, actrices y actores tal vez guapos pero sólo creíbles por las portadas que ocupan, directores de cine siempre flanqueados por sonrisas, bailarines sin arte ni vergüenza, periodistas sin fronteras pero con estilistas, presidentes recién salidos del cásting de ‘Uno de los nuestros’, responsables de escuderías que no necesitan más comentario (por favor miren un instante en Wikipedia la historia de Flavio Briatore).
No es fácil ser relaciones públicas. Al contrario, qué difícil el arte de caer bien a todo el mundo. Quien no nació para ello, no encontrará la escuela adecuada. Pero puede que yo exagere o me equivoque, o que simplemente… sea usted uno de ellos. ¿Verdad, majete?