Hipocresía
Dime qué ves en televisión y te diré quién eres. Mientras los políticos, siempre tan al cabo de la calle, intentan esconder la realidad de la prostitución, condenándola a la marginalidad, el prime time hierve con historias basadas en sus protagonistas. ‘700 euros’ ha sido la sensación del verano, la única serie capaz de robar algo de protagonismo a los J.J.O.O. Y ya está en marcha la fiebre de El Duque, ese dealer con amor por la profesión más antigua del mundo que roba el corazón y el share de la audiencia. Al final, resultará que la prostitución no es tan mala como la pintan… Por lo menos, para la televisión.
Estamos tan a gustito
En su desenfrenada carrera por situarse al lado opuesto de una televisión de calidad pública, TVE vuelve con ‘¡Mira quién baila!’, ese concurso en el que lo que se valora es, por encima de todo, la impericia de los concursantes para los bailes de salón. Después de un ciego y la nieta de un dictador, lo cierto es que los directores del cásting tenían el listón muy alto. Suerte que esa España mía esa España nuestra, que cantaba Cecilia, es un pozo sin fondo de personajes estrambóticos. Los nuevos pies para que os quiero de esta edición corresponderán a Ortega Cano, conocido como ex matador de toros y ex de la más grande. Esperemos que le dé sólo por el baile y no por dar el cante, que ya sabemos cómo acaba después el buen hombre.
A vivir, que son dos días
Interesante filón el que ha encontrado La Sexta, que debe repartirse con Cuatro al público televisivo más joven. En verano, nos sorprendió con el primer docurreality realizado por niños (‘Una cámara en mi casa’) y, a pesar del tufillo a explotación infantil que desprendía (ya me gustaría saber a mí si con lo que les pagaban a los babys tenían para pañales), la verdad es que la cosa tenía su miga. Ahora aumenta un poco la edad de los protagonistas con ‘De patitas en la calle’, híbrido entre el ‘Kicked Out’ de la ABC’ y el ‘Stop Treating Me Like a Kid’, de Channel 4. La cosa va de sacar a los adolescentes de casa y que se busquen la vida. Mola. Aunque para adaptarlo a nuestra realidad social, uno hubiera preferido que lo hicieran con la legión de treintañeros que, con excusas de lo más peregrinas, siguen viviendo a costa de sus padres.
Y volver, volver, volver…
Increíble pero cierto. ‘Gran Hermano’ llega a su décima edición fresco como una rosa. Debería ser objeto de estudio sociológico cómo un programa que se cayó de las parrillas de todo el mundo hace un lustro que sobrevive con una salud de hierro en nuestro país. En EE UU, por ejemplo, ha sufrido variantes, como el reciente ‘America’s Toughest Jobs’, en el que los hermanitos deben someterse a extraer petróleo, cortar árboles, amansar toros… Algo de mérito tienen, la verdad. Aquí, sin embargo, se contentan con el edredoning que, vale, dependiendo de con quién te toque, puede resultar cansado, pero desde luego no puede compararse con la pesca del cangrejo en el invierno de Alaska.
Sucedáneos
El tiempo es uno, y hay que rellenarlo como sea. Por eso, al lado de los grandes eventos deportivos de éxito seguro, crecen primos algo más endebles, con los que se pretende dar gato por liebre a la afición. Cuatro, a falta de Fórmula 1, ha empezado con la Superleague de coches una horterada en la que los autos llevan las pegatinas de clubes de fútbol (como si no aparecieran ya bastante en los telediarios). Telecinco, que no posee la MotoGP, regala a los espectadores las insufribles competiciones de Superbikes… y así hasta el infinito. El célebre Torneo de la Galleta se celebraba antaño durante el verano. Ahora, por cuestiones de competencia, no descansa durante toda la temporada.