Bueno, pues ayer fui a la discoteca Metro con mi amigo Gabi. Él entró en los servicios y al ver que no salía fui detrás, y me lo encontré tumbado en el suelo con el vientre desnudo. Un tío, de pie, le estaba meando encima. Y yo le dije: "Tío, ¿pero, que haces?". Y él, desde el suelo, me dijo: "Calla, calla, que le vas a cortar el rollo…" Al ver ese panorama me fui, deprimido. Entonces salí de la disco y en la puerta me asaltó el chaval más pelao y tío bueno que podáis imaginar… Mira, tenía unos brazos que parecía que se los había robado a las estatuas mancas de los atletas de Atenas. Bueno, pues empezamos a tontear, y me dijo: "Eres muy dulce… ¿Quieres v uy oscuro, y yo le dije: "Enciende la luz". Y él dijo: "No, prefiero que no". Bueno, el caso es que fue idílico. Pero cuando me levanté, me llevé la sorpresa más animal que un ser humano pueda imaginar: tenía toda la pared llena de imágenes de skinheads y banderas nazis, y una insignia que decía: ’Muerte a los maricas’. Y yo empecé a vomitar… Creo que el corazón me iba saltar por la boca, y los hígados y los ojos... Y hasta pensé: "Dios, si salgo de esta me hago monje". Entonces él vino y me dijo: "Tranquilo, no te preocupes", y me trajo un cubo de fregar para que vomitara… Y mientras me acariciaba la espalda con una mano, con la otra hablaba por teléfono con sus colegas de ir a linchar a un travelo en el Camp Nou. Y yo venga a vomitar, y venga… Luego me vestí. Me hizo el desayuno y cuando cerré su puerta, y salí a la calle… Lo juro, sentí que esa mañana había vuelto a nacer.