–Quería explicar que mi amigo Biel y yo fuimos dos de los primeros españoles que fueron a la India en pleno boom de las drogas. Puede que la gente ahora se ría de todo eso. De acuerdo. Pero yo nunca en mi vida me he sentido más guapo que entonces. ¿No dicen que cuando uno se siente guapo todo es hermoso a su alrededor? ¿Y cuando te sientes feo cosas horribles suceden? Pues en aquel momento nosotros éramos maravillosos… Sólo mi amigo Biel y yo, los dos contra el mundo… Y juntos alcanzamos el paraíso.
–Y entonces, ¿qué era el paraíso para vosotros?
–El paraíso eran las fiestas en las playas de Goa. Nosotros éramos muy jóvenes, gloriosamente excéntricos, llenos de energía y vitalidad… Por entonces, si tenías 17 años podías volar en Air Kuwait sin que te dijeran nada. Era una suerte. Cuando llegamos allí, la gente del “Flower power” nos miraban con cierta protección y yo le decía a mi amigo: “Creo que estamos despertando el instinto maternal de los noruegos”. Y mi amigo Biel, que era más lanzado, me contestaba: “Tío, métetelo en la cabeza, con el instinto maternal no se folla”. Y era verdad. Había que ser más canalla si querías hacer orgías con los italianos. Nosotros éramos homosexuales y, para un joven de aquella época, la mejor manera de ir camuflado era ser hippie. Pero si querías ser un marica entero, de pies a cabeza, debías marcharte a la India, lejos de esta mierda de educación cristiana. Sólo allí fuimos nosotros mismos de verdad.
–¿Y qué has aprendido de todo aquello?
–Que no somos nada sin experiencias. Y que viajar es morir. Y morir es aprender. Yo aprendí en aquel viaje que el amor existe y que puede ser correspondido siempre.
–¿Y qué fue de tu amigo?
–Yo ahora soy ejecutivo de una empresa de cosmética. Mi amigo Biel es chapero en los lavabos del SOHO. No le había visto hacía años, hasta que me lo encontré allí. Nos pusimos locas de contentos, nos abrazamos… Un loquerío.
–¿Y de qué hablasteis?
–Él me dijo que seguiría llevando este tipo de vida hasta que la arritmia del corazón le permitiera aguantar. Si Biel entrara en el mundo de los normales, estoy seguro de que su corazón se pararía de aburrimiento. Hay que respetar ese tipo de vida alternativa. Porque la otra, la que llevamos nosotros, sólo sirve para pagar las facturas a final de mes. Qué tiempos aquellos.