Si nos atenemos a lo que cuenta en ‘Dirty blonde: The diaries of Courtney Love’, la culpa de todo es de Mel Gibson. El actor entró un día en una habitación de un hotel bastante pijo de Beverly Hills y se encontró a un grupo de gente poniéndose a gustito con sustancias variadas. Entre ellas, cómo no, estaba Courtney. “Le vi llegar con una sonrisa de lo más forzada, acompañado por un tío, y pensé: ‘¡Piérdete!’. Le conozco y me consta que es majo, pero en aquel momento iba tan ciega que me daba igual que fuera él que Jesucristo. Entonces todo el mundo se marchó y me quedé a solas con el tipo que le acompañaba. Era un consejero especializado en adicciones. Me convenció para que asumiera que estaba enganchada y que fuera a una clínica de desintoxicación”. Año y medio más tarde, Courtney está limpia. Por su parte, Gibson fue arrestado el pasado verano por conducir borracho. Se ignora si dicho incidente está relacionado con el hecho de haber estado cerca de la viudísima más tiempo de la cuenta.
Courtney está sobria. Ha recuperado la custodia de Francis Bean, que perdió cuando se pasaba más tiempo en los tribunales que en las reuniones de padres del colegio de su hija. Pero tras salir airosa de los juicios por agresión que hace un año amenazaban con llevarla a la cárcel, va y descubre que uno de sus contables había gransisado algún que otro millón aprovechando la coyuntura. Solución: vender un porcentaje de su propiedad sobre los derechos de la obra de Nirvana. Y ahora remata la jugada sacando sus diarios, como ya hiciera con los de su marido, el difunto Kurt Cobain (según publicó la revista Forbes en octubre del 2006, el difunto del show-biz que más beneficios genera al año, superando a John Lennon y Elvis). El proyecto de sacar sus propios diarios se remonta a 2004, antes de que sus problemas con la justicia hubiesen mareado al mismísimo Grande-Marlaska. “Estoy preparada para una nueva vida –aseguraba Courtney mientras lanzaba el libro–. Me he limpiado el lodo de los últimos años. Cinco años de infierno. He abandonado definitivamente la oscuridad”. La cuestión es: ¿de verdad la ha abandonado?
Demasiado ego
Su descomunal ego tan sólo es comparable a su capacidad para arruinar su vida. Algo que afecta también a su perfil público y plantea el siguiente dilema: Courtney Love, ¿artista o personaje? La calidad de sus discos y sus canciones (cuando la tienen) ha de luchar siempre con la avalancha de titulares que acompañan a la rubia. “Nunca he sido una presencia cómoda para nadie, ese es el problema. La gente no quiere que le digan ciertas cosas a la cara ni que determinadas actitudes se hagan públicas”.
Cuando estaba en el underground se le conocía más por ser la mujer de Kurt Cobain, y su mejor disco, ‘Live through this’ (1994), quedó eclipsado por la tragedia del suicidio. Nunca vendió gransisado des cantidades, pero se comportaba como si fuera Madonna. Cuando llegó a Madrid en el verano de 1988 para promocionar ‘Celebrity skin’ –el último disco de Hole, su antigua banda–, trajo un equipo que incluía peluquero y guardaespaldas, ocupando casi una planta entera del Hotel Villa Magna. Lo que vendió aquel disco no dio ni para alquilar una pensión de Malasaña. Dirty blonde: The diaries of Courtney Love’ no hace más que alimentar esa contradicción. Construido con recortes, fotos, notas, comentarios, fetiches, cartas o notas propias y ajenas, es un recorrido a través de su vida y sus sentimientos. Gracias a él descubrimos lo que pensaba el 17 de abril de 1994, once días después de que Cobain se pegara un tiro: “Hoy hace exactamente un mes que hice el amor por última vez con mi marido. Le preparé la cena. Pasamos cuatro horas en el cuarto de juegos con Frances. Vimos ‘La lista de Schindler’ y nos hizo pensar en el valor de la vida. Repasamos nuestras convicciones hasta las 4 de la mañana y nos quedamos dormidos el uno en brazos del otro”. También nos confiesa que la sobredosis que el músico sufrió en Roma en marzo del 94 fue un claro aviso sobre sus intenciones suicidas: “Ahora me doy cuenta. No quise reconocerlo entonces. La otra noche volví a leer la nota que dejó en el hotel de Roma. Resultaba jodidamente obvio que era la nota de un suicida”.
Por supuesto, en el libro no faltan nombres conocidos. Da igual que sean personajes que aparecieron en su adolescencia (como Ian McCulloch, cantante de Echo & The Bunnymen, al que tacha de “coñazo”) o genuinas celebridades (Hillary Clinton, Kate Moss, Drew Barrymore, Winona Ryder, Sting y señora, Marc Jacobs, David LaChapelle, Chris Rock, Bono...). Exhibicionista hasta las cachas, incluye los emails que enviaba a Lindsay Lohan acerca de los efectos negativos de la fama, y demuestra que lleva años escribiéndose con el/la enigmático/a escritor J. T. Leroy. Lástima que no aclare quién es ese novio que, mientras vivía de cuelgue en cuelgue, aprovechó para quedarse con parte de su dinero.
Sin duda, ‘Dirty blonde...’ contribuirá a su ascensión como personaje. Pero, ¿qué pasa con la artista? Tras la edición en 2004 de ‘America’s sweetheart’, su primer álbum en solitario, que fue un auténtico fracaso comercial (86.000 copias vendidas en Estados Unidos), llega el momento de la reválida. Echando mano una vez más de su exhibicionismo, Love ha bautizado su nuevo álbum ‘How dirty girls come clean’ (Cómo se limpian las chicas sucias). “Es mi disco de rehabilitación –cuenta–. Escribí casi todo el material mientras estaba desintoxicándome. Linda [Perry, compositora de Gwen Stefani, Pink, Christina Aguilera y la propia Love] vino a verme y me trajo una guitarra acústica. No estaba en las mejores condiciones, apenas sentía los dedos y mis reflejos no eran buenos. Ni siquiera estaba permitido meter ruido para no molestar a otros internos. Me sentaba en un rincón y empezaba a tocar y a cantar bajito, y así iban saliendo nuevas canciones. Pensaba que después de todo lo que había ocurrido nadie iba a querer sacarme un disco ni contratarme para actuar. Pero escribí las canciones sin que eso me importara. Era una cuestión vital”.
En noviembre de 2005 abandonó la clínica y comenzó a trabajar en las canciones con Perry y Billy Corgan. Perry declaró entonces: “Mi prioridad ahora es devolver a la reina del rock’ n’ roll a su trono, y conseguir que haga el gran disco que todo el mundo espera de ella”. La prensa lleva meses haciéndose eco del desarrollo de un álbum que podría ser definitivo para Courtney. Su lanzamiento está previsto para principios de este año. Será a través del sello de Perry (distribuido por Universal) y contará con colaboraciones de músicos de Dirty Pretty Things y The 60’s. Alan McGee, descubridor de Oasis y amigo de Courtney, asegura que la estrella está en forma: “Las técnicas budistas que ha aprendido le están ayudando mucho física y mentalmente. Y las canciones nuevas son las mejores que ha hecho nunca. Está pasando por un excelente momento”