Drogas y música de baile: ¿es la relación tan estrecha como dicen o, como defienden quienes quieren aislar la electrónica de su consumo social, no tienen nada que ver? Sin duda, la música puede escucharse sin estar bajo ningún tipo de efecto inducido por substancias, pero drogas y noche siempre serán compañeros de viaje. Suene techno, rock, música de circo o hip hop, quien sale de noche siempre llevará un alijo en el bolsillo y, según lo que escuche, preferirá consumir una cosa u otra. Conoce tus gustos: esta es la tipología 2006-2007 para el binomio drogas-música de baile.
Éxtasis/trance
En la Europa extrarradial, allí donde la vida apesta y los chavales jóvenes se pudren en los primeros años de universidad o haciendo cola en la oficina de desempleo, el trance puede ser una vía de escape completamente lógica, sobre todo desde que este sonido chillón que pinchan DJs como Tiësto o Ferry Corsten ha ganado muchísimo terreno popular en beneficio del hardcore, un sonido más conscientemente autodestructivo. De este modo, el trance, en tanto que música barata y de mala calidad, se identifica con otra droga de las mismas características: el éxtasis de siempre, cada vez con más matarratas que MDMA. Y así, el sonido agudo y rápido del trance hace el efecto deseado en unos niños que aprecian la subida de la adrenalina y algunos destellos psicodélicos propios del éxtasis y el ácido. Además, las pastillas son baratas y de consumo discreto. Ideales para niños.
Los usuarios: jóvenes, pobres y en busca de la luz al final del túnel. Con el tiempo o se pasan a la coca o, en el caso de ganar mucha pasta, al MDMA puro.
Los ídolos: DJ Tiësto, Paul Van Dyk, Paul Oakenfold, Ferry Corsten…
MDMA/progressive house, electrohouse
La gente, a la que se hace mayor, prefiere chupar antes que tragar, y eso en drogas también tiene su traslación: el clubber algo más talludito, el que ya ha pasado por el infierno de las pastillas mal cortadas y los lavabos atestados, cuando sale de fiesta exige calidad y no compromete su hedonismo a cualquier precio. Por tanto, en la nueva escena de moda que arrasa en Ibiza, el electrohouse –la versión underground y fina de cierto house progresivo de siempre–, en vez de llevarse sólo la coca se ha impuesto como droga de consumo habitual el MDMA en polvo, ese que va en bolsita, se mete el dedillo y le pega uno un lametón que te pone la mandíbula en Pernambuco. Las caras son para verlas, pero la energía en la pista y los ánimos de diversión, ahora mismo, son inigualables.
Los usuarios: empiezan a acercarse a los 30 tacos, pero por supuesto las bases ya comienzan a formarse muy jóvenes. El MDMA hoy es droga que simboliza estatus: alto poder adquisitivo (aunque no sea excesivamente cara; lo importante no es el precio, sino la distinción que otorga y el efecto que produce), libertad sexual y hedonismo materialista que se refleja en ropa de marca y gasto de dinero a espuertas.
Los ídolos: Sven Väth, Booka Shade, Tiesfschwarz, Trentemoller…
Ketamina/minimal techno
Se está extendiendo el cliché de que la nueva generación minimalera, la que va a ver sesiones de (principalmente) Richie Hawtin, Ricardo Villalobos y Magda, escoge como droga principal la ketamina. Eso es falso o, al menos, la asociación no es tan directa como parece demostrar el uso de una etiqueta, “ketaminimal”, para identificar el sonido del minimal techno más lento y psicodélico. Entre la afición minimal se estila la coca y el MDMA como en cualquier otra parte, pero su vocación underground y su condición de “música para afters” ha permitido que crezca el consumo del otro polvo blanco (en dosis pequeñas, para encontrarse en una situación placentera y evitar el desagradable K-Hole) para abstraerse y aceptar mejor la dificultad que supone este nuevo techno a bajas revoluciones.
Los usuarios: puede ser la misma gente que está en la liga del electrohouse, pero esta sección es más destroyer y fiestera, concibe la fiesta como un acto social mucho más largo en horas y tiene claro que cuando sale el sol no se acaba la noche, sino que justamente entonces comienza.
Los ídolos: Richie Hawtin, Troy Pierce, Ricardo Villalobos, Magda…
Cocaína/house
Desde siempre, cocaína y poder son conceptos que van estrechamente unidos. Se identifica con el lujo, el dinero, la autosuficiencia y el control. Por eso –y por eliminación– la coca es la droga de consumo unánime en el circuito más comercial y frívolo de la dance-music. Por supuesto, hay boliviana de calidad hasta en el último chiringuito de Ibiza, pero en el circuito house todas las otras substancias –a excepción del alcohol caro– quedan prácticamente abolidas en beneficio de un consumo por vía nasal desproporcionado. ¿La razón? La fachada de apariencia pudiente, las poses de “mírame pero no me toques”, el ofrecimiento de una dosis a cambio de compañía y favores… Ni el MDMA ni cualquier otra droga podría facilitar ese tipo de interacciones, además de ser vistas como entretenimientos de niñatos, cutres o la plebe de la fiesta. ¿Alguien se imagina a una rubia de metro ochenta escotada hasta el ombligo de ketamina en una fiesta de Erick Morillo? Pues eso.
Los usuarios: gente que sale de fiesta más a lucir vestido nuevo y ofrecer posturas cool al personal antes que pasárselo bien con la música. Gente que, normalmente, no suda demasiado porque baila poco y viaja mucho a los servicios.
Los ídolos: Erick Morillo, Roger Sanchez, Tom Stephan, Danny Tenaglia…
Speed/hard techno, schranz
La coca dura poco y encima es cara. La ketamina te hunde y no te deja dar saltos. El MDMA es para blandos, y en las escenas hard techno y schranz –ahí donde los ritmos son rápidos y duros y golpean como martillos pilones– lo que se necesita es mantener la energía al máximo y durante el mayor número posible de horas. Por eso es normal que el público que opta por consumir alguna substancia se decante por la anfetamina de toda la vida: lucidez durante toda la noche, alteración del pulso, fuerza para devastar la pista y, si el presupuesto lo permite, un poco de colombiana para compensar el derroche de calorías con un poco de sobreconfianza. En los clubs no está especialmente extendido el speed, pero en la escena schranz relacionada con las raves se puede encontrar de manera frecuente.
Los usuarios: gente joven con muchas energías acumuladas y dispuestos a quemarlas en muy pocas horas. La función del speed o las anfetas de todo tipo siempre es la misma: mantenerte despierto y con fuerza para aguantar horas. Precisamente el tipo de respuesta que exige la música más dura del universo clubber.
Los ídolos: DJ Rush, Chris Liebing, Pet Duo…
Porros/chill out
Normalmente, el fumar porros en compañía de música se asocia con sonidos como el hip hop o el reggae/dub, pero de un tiempo a esta parte los clubbers veteranos que deciden abandonar las trincheras de la noche y refugiarse en casa han descubierto que la disociación mental que produce la marihuana es ideal para dejarse acompañar por ritmos letárgicos derivados del downtempo. El típico treintañero forrado de pasta que tiene ya el hígado cascado de tanto whisky y la nariz como un queso de gruyère posiblemente prefiera su pequeño haz de hebras de maría o una pequeña roca de resina de hachís de la mejor reserva culera para evadirse por la noche, mientras escucha el último recopilatorio de la serie ‘Buddha Bar’ o cualquier disco tranquilo y espacioso. Cuando uno se refugia sólo en los porros, hay que saber reconocer la derrota: la fiesta se ha acabado.
Los usuarios: clubbers veteranos que se han cansado de salir o que no encuentran un espacio a su gusto entre tantas nuevas generaciones de hormonas alteradísimas. Se refugian en casas particulares, empiezan a fundir la piedra, se dejan envolver en una nube de humo y flotan al compás de música aséptica. La reinvención del sueño yuppie. Los ídolos: ‘Buddha Bar’, Kruder&Dorfmeister, Groove Armada, Thievery Corporation, recopilatorios de ‘Café del mar’…